Sobre presuntos y recortes

Categoría: Artículos de Opinión Publicado el Jueves, 02 Agosto 2012 Escrito por Rafael Toledo Díaz

Tiene el escritor y poeta Luis García Montero un poema de largo título, en el que nos habla de otro escritor de torpe aliño indumentario que, cuando se enfrenta al reto de la escritura y habiéndose parecido antes más a un mendigo que a cualquier otra cosa, se ducha, se afeita y elige su mejor ropa para enfrentarse al reto de las letras. No es ese mi caso, pues no soy ni poeta, ni prosista y me limito a compartir algunos textos haciendo para ello un extraño y raro peregrinaje por los rincones de mi casa, habitaciones ya huérfanas de vástagos emancipados que dejan espacios vacíos para poder instalar el viejo ordenador. Cada cierto tiempo tengo esa necesidad inquieta del cambio de ubicación, buscando quizás en cada rincón diferente las ondas de la inspiración, la búsqueda de temas e ideas para compartir con el posible lector.

Este coherente verano, en términos climatológicos, es, sin embargo, atípico en cuanto a la información en los medios. En anteriores anualidades y en esta época del calendario sólo era posible escribir del calor, de las vacaciones o del cotilleo de los famosos. Los cronistas, ante la ausencia de noticias, buscaban el rumor o recurrían al tópico de la serpiente del verano.

Este año seguimos sin darnos tregua. El rollo económico ocupa día tras día el amplio espectro de la información. O de lo que queda de ella, si tenemos en cuenta la gran cantidad de medios desaparecidos y los periodistas que andan sin ocupación. Me resulta indecente, después de siete meses de legislatura, el abuso que hace el Gobierno actual sobre el manido y explotado tema de la herencia recibida. Sobre todo en cuanto a la labor informativa se refiere, la siega de estos días está siendo de lo mejorcito. Casi nada se puede objetar sobre la excelente y objetiva labor que habían desarrollado los profesionales de la radio-televisión pública hasta el momento. Sin embargo, los recientes nombramientos en la dirección del ente promueven ahora unos cambios de dudosa credibilidad democrática. Molestan los buenos profesionales, los buenos periodistas y estos días asistimos desesperanzados a las despedidas de muchos de ellos de sus compañeros y subordinados, con pena, con dignidad, con desolación pero con la esperanza de volver a realizar su inmejorable labor. ¿Ha sido acaso mala la herencia de la anterior etapa en materia informativa? Al contrario, la herencia ha sido excelente, transparente y democrática, por eso molestan y se desprenden de ellos para hacer otro periodismo diferente.

En este río revuelto, y aprovechando la desafección de los ciudadanos, algunos comunicadores apuestan por un discurso demagogo y populista para socavar aun más el deterioro de algunas instituciones esenciales de la nación. Ya sabemos de los desajustes y los desmanes que han sucedido tiempo atrás. Las Comunidades Autónomas deberán acometer nuevas reformas para acoplarse a la realidad actual de insuficiencia presupuestaria, pero de eso a volver a los tiempos del centralismo de Una, Grande y Libre va un abismo. Las nuevas generaciones no entenderían este retroceso u otro ordenamiento distinto. 

No sólo el calor deprime a la sociedad española en estas jornadas. Casi me resulta irreal la resignación colectiva ante las medidas que está adoptando el Gobierno, con otra vuelta de tuerca, más y más recortes a las capas más controladas y más débiles de la sociedad. De seguir así, más pronto que tarde la calle estallará. Ya existen porcentajes alarmantes sobre el índice de pobreza en nuestro país.

¡Cuánto más tendremos que soportar ante tanta provocación!. Y es que hace unos cuantos días hemos conocido la noticia de que Telefónica ha renovado su contrato al imputado Iñaki Urdangarín en unos términos más que ventajosos. En este caso el término “presunto” no es concluyente para no seguir empleando al yerno del rey. Sin embargo, los cinco millones largos de parados son “presuntos” de cometer fraude laboral según las medidas que quiere adoptar el gobierno, es decir, los parados son potenciales defraudadores de los exiguos recursos del Estado. La reducción del 60% al 50% de la base reguladora tras haber cobrado los seis primeros meses la prestación por desempleo. El incremento de edad para cobrar el subsidio a los parados de larga duración aumentada ahora hasta los 55 años. Medidas adoptadas para estimular la búsqueda de empleo de estos “presuntos” vagos. Y es que “presunto” resulta ser un vocablo ambiguo, equívoco, dudoso, confuso, ambivalente, desconcertante y ominoso, su interpretación depende mucho de cómo y quienes lo utilicen.

¿De qué y de cuánto quieren hacernos culpables? ¿De seguir como borregos los dictados del mercado, ése que se regula solo? ¿De seguir las recomendaciones de los bancos para comprar una vivienda digna a la que la Constitución dice que tenemos derecho? 

Ahora, a toro pasado, el Banco de España se justifica de sus errores en un ridículo acto de contrición en el Parlamento sin identificar ni asumir la concreción de la culpa sobre los desmanes de bancos y cajas. Nadie quiere contraer las responsabilidades del desastre y la falta de planificación. La clase política aún debe acometer medidas reales y efectivas que reduzcan sus prebendas y sus excesivos dispendios para que obtengan la credibilidad del elector.

Ahora que tiene el ejercicio del gobierno un partido conservador chirrían en extremo las medidas aplicadas de recortes en prestaciones esenciales como las pensiones, la sanidad o la dependencia. Es evidente que se contradicen con los valores fundamentales que dicen defender en su ideario, defensa de la vida en todos sus aspectos. Pero ése es un tema tan denso y tan amplio que se puede desarrollar en un nuevo artículo escrito en cualquier otro rincón de la casa.